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La última película de la FIFA

Por Alberto López Girondo  

Si de algo pueden jactarse los fundadores de Podemos es de haber instalado el concepto de Casta para referirse a los dirigentes políticos que se repartieron el poder en España desde la transición democrática. Desde este domingo, los representantes del PSOE o del PP tratan infructuosamente de salvar los papeles con alguna alianza que les permita gobernar un tiempito más tras el dictamen de las urnas.

Otra casta, la de la FIFA, también tiembla desde que este miércoles la justicia estadounidense desplegó una denuncia por corrupción que involucra a la dirigencia de las federaciones latinoamericanas, pero golpea de lleno en el sillón que ocupa –y espera mantener– el suizo Joseph Blatter.

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Por Alberto López Girondo  

Si de algo pueden jactarse los fundadores de Podemos es de haber instalado el concepto de Casta para referirse a los dirigentes políticos que se repartieron el poder en España desde la transición democrática. Desde este domingo, los representantes del PSOE o del PP tratan infructuosamente de salvar los papeles con alguna alianza que les permita gobernar un tiempito más tras el dictamen de las urnas.

Otra casta, la de la FIFA, también tiembla desde que este miércoles la justicia estadounidense desplegó una denuncia por corrupción que involucra a la dirigencia de las federaciones latinoamericanas, pero golpea de lleno en el sillón que ocupa –y espera mantener– el suizo Joseph Blatter.

El máximo organismo futbolístico internacional quedó otra vez en el ojo de la tormenta por sus vidriosas costumbres pero también por una disputa geopolítica de imprevisibles consecuencias.

La denuncia que presentó la fiscal general Loretta Lynch está muy bien fundada desde el punto de vista judicial y ya provocó las primeras detenciones. Pero también despertó recelos del presidente ruso Vladimir Putin y de analistas desprejuiciados de esta parte del mundo.

Les resulta sospechoso en el contexto actual que se apunte a la forma en que Rusia y Catar fueron elegidos como sede para el mundial de 2018 y 2022. También, que solo aparezcan acusados dirigentes latinoamericanos.

La Fédération Internationale de Football Association fue creada hace 111 años, el 21 de mayo de 1904, durante una fuerte controversia entre los representantes británicos y los europeos. Ganaron, bajo la batuta francesa, los continentales, por esa razón las siglas de la organización son en el idioma de Víctor Hugo. Desde su origen fue cuestionada y estuvo a punto de desaparecer durante la primera guerra mundial. Dice la historia oficial –y la no tanto– que le debió la subsistencia al banquero holandés Carl Hirschmann. Sería secretario del organismo que presidía Jules Rimet hasta que la crisis de 1930 se llevó puesto su banco y, según mientan los detallistas, tomó prestado dinero de la FIFA que no devolvió en tiempo ni en forma.

Cuando terminó la guerra, quedaron profundas heridas en el mundo del futbol internacional y los británicos se negaron a integrar la organización porque no querían compartir los campos de juego con los enemigos de la contienda. El Mundial de Uruguay quedó sumido en algunos de estos tironeos y solo cuatro países aceptaron cruzar el océano para disputar el certamen. Argentina quedaría herida en su orgullo porque estaba el compromiso para organizar la Copa de 1938 y no se cumplió. Esa es la razón por la que no volvería a los Mundiales sino hasta 1958 en Suecia.

Las críticas sobrevolaron el Mundial de Italia de 1934, en plena era de Benito Mussolini. Pero con el mismo rasero deberían impugnarse las Olimpíadas de Berlín en 1936. Y si es por contar las costillas, no se detuvo la bola en Argentina 78 a pesar de la dictadura.

¿Tiene razones Putin para sospechar de la investigación del FBI? La historia avala su desconfianza: las olimpiadas de 1980 en Moscú recibieron el boicot de 65 países acaudillados por Estados Unidos en represalia a la invasión soviética a Afganistán de un año antes. No sucedió lo mismo tras la invasión estadounidense al mismo país en 2001 en los Juegos de 2004 en Atenas. En la Olimpíada de Invierno del año pasado en Sochi volvieron a aparecer represalias, cuando mandatarios occidentales se excusaron en una ley rusa contra la propaganda homosexual para no asistir. Pegaron el faltazo los presidentes de Estados Unidos, Alemania, Francia y Polonia y los primeros ministros de Bélgica y Canadá.

En el caso de los dirigentes latinoamericanos puede decirse que se repite el esquema: nadie pondría las manos en el fuego por ninguno de ellos y si no fueron denunciados judicialmente antes es porque tienen la virtud de recostarse siempre donde da el sol como para no quedar a la intemperie. Pero ocurre que en Europa la trasparecía no es una característica distintiva. De hecho, no cuesta demasiado “tirar del carretel” para llegar a Blatter y sus allegados más cercanos. Si los latinos robaron, seguramente lo hicieron para ellos pero a nadie escapa que también lo hacían para la corona.

Hay un personaje clave en todo este proceso iniciado en Estados Unidos, el ex fiscal federal del distrito sur de Nueva York Michael García. El hombre, como servidor público, investigó el atentado al World Trade Center y le pisó los talones al gobernador demócrata Eliot Spitzer por un escándalo de prostitución.

Blatter lo conoció el año pasado, cuando contactó al estudio Kirkland y Ellis de Nueva York para contratar un abogado que hurgara en muy discutido proceso de licitación que adjudicó las dos próximas copas del Mundo. Luego de juntar 75 testimonios que volcó en un dossier de 400 páginas, García esperaba decisiones fuertes para limpiar a la FIFA. Pero Blatter  le dio largas al asunto y todavía el Informe García duerme en un cajón de su despacho. El ex fiscal renunció el 17 de diciembre pasado.
Pero Michael García está casado con una agente del FBI. Todo indica que compartió su información con ella, que a su vez la trasladó al Federal Bureau of Investigation. Hay quienes deslizan que en realidad él mismo trabajó como topo de “los federales” para destapar chanchullos que podrían servir muy  bien para boicotear a Rusia en medio de la escalada diplomática y económica de la administración de Barack Obama y la UE al gobierno ruso.

Otra pata de esta presentación en Nueva York es la flamante fiscal general estadounidense. Lynch es la primera afrodescendiente en ocupar ese cargo y logró ser proclamada hace apenas un mes tras 166 días de arduas negociaciones en un Congreso de Estados Unidos, dominado por los republicanos. La rechazaban porque ella había avalado la ley de inmigración que propone Obama. Venida de un hogar humilde- padre pastor religioso, madre cosechadora de algodón, todo un paradigma- Lynch está convencida de que lucha por mayor justicia en el mundo. Una de las críticas es que está tomando su cargo como de jurisdicción universal, y que lo hace desde un país que no tiene al fútbol-soccer entre sus preferencias.

En pocos días Lynch impuso una multa de 5000 millones de dólares a los bancos OBS, Barclays, Citigroup, JPMorgan, Royal Bank of Scotia y Bank of Amierca por manipular tasas de cambio. Y se comprometió con los padres Freddie Gray, el chico asesinado por policías de Baltimore el 19 de abril pasado, a ir hasta el hueso contra los culpables.

Una tercera pata es Charles Blazer, el ex secretario de la CONCACAF que hizo un trato con la fiscalía para morigerar una sentencia en su contra a cambio de grabar todas las conversaciones comprometedoras con dirigentes futbolísticos.

¿Dónde está la verdad? No sería demasiado aventurado decir que hay una enorme operación para socavar el Mundial de Rusia pero montado sobre las malezas de una organización que desde hace años es un absceso purulento. Quizás la fiscal quiere hacer bien su trabajo, pero la información del FBI ya estaba en marcha cuando tomó el cargo. No tuvo tiempo material para los detalles, aunque todo indica que las evidencias son sólidas.

El mundo futbolístico, el que ama al deporte de verdad, se alegró con la novedad porque Blatter es parte del forúnculo, como lo viene denunciando Diego Maradona desde hace décadas. Aunque hace algunos meses era el bueno de la película en el filme United Passion, del francés Frédéric Auburtin, que se estrenó en Cannes antes del mundial de 2014. En la película Tim Roth, que en 2001 había protagonizado el Planeta de los Simios, hace de Blatter. La  película costó 25 millones y Blatter quedó muy conforme con el resultado. Todavía le faltaba el capítulo más inquietante.

@algirondo

Tiempo Argentino, Buenos Aires.

 

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