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“Para hacer tortillas hay que quebrar huevos”

Por Juan Carlos Gómez Leyton  

Es más que evidente que el gobierno de la Nueva Mayoría en Chile, al cabo de 14 años de gobierno, ha perdido justamente aquello que dice tener, es un mal gobierno de la minoría. Un gobierno que perdió la dirección que se había trazado al momento de iniciar su gestión: impulsar y realizar reformas estructurales; estás apenas son “reformitas”. Un gobierno que está comprometido e inmerso en la mayor crisis de desconfianza y credibilidad política verifica en Chile desde el supuesto “regreso” de la democracia en 1990.

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Por Juan Carlos Gómez Leyton  

Es más que evidente que el gobierno de la Nueva Mayoría en Chile, al cabo de 14 años de gobierno, ha perdido justamente aquello que dice tener, es un mal gobierno de la minoría. Un gobierno que perdió la dirección que se había trazado al momento de iniciar su gestión: impulsar y realizar reformas estructurales; estás apenas son “reformitas”. Un gobierno que está comprometido e inmerso en la mayor crisis de desconfianza y credibilidad política verifica en Chile desde el supuesto “regreso” de la democracia en 1990.

Un gobierno que no logra, a pesar de su giro hacia la derecha con el cambio de gabinete, salir de la crisis política. Ese giro, ha profundizado su desorientación gubernamental. En definitiva, la palabra que resume y sintetiza todo es, simplemente, fracaso. Un total y completo gobierno fracasado.

Sí, en Chile, existiera, por ejemplo, la “revocación del mandato” de las autoridades electas, las y los ciudadanos debieran estar, a parte de movilizarse como lo han hecho los estudiantes secundarios y universitarios en los últimos días, exigiendo la salida de la presidenta en ejercicio, por incompetente.  Y, sobre todo, por la generalizada desconfianza que la ciudadanía tiene de su conducción gubernamental. 

Pero todos sabemos que lo anterior no será posible, fundamentalmente, porque la institución de la “revocación del mandato” no existe. Y, la ciudadanía descontenta,  hastiada y desconfiada deberá espera largos 34 meses para que el actual gobierno abandone La Moneda, en marzo de 2018. ¿No será mucho tiempo? 

Lamentablemente, son los tiempos de la democracia electoral. Nos podemos preguntar:  ¿esos tiempos se pueden modificar o alterar?. Si, se puede. Una de la forma de acelerar el tiempo político-institucional en un régimen democrático, es y ha sido a  por medio de la movilización social y política de la ciudadanía, masiva, activa y responsable dirigida a destituir al mal gobierno y de esa manera acortar los tiempos de espera. Se destituye al gobierno y se modifica caudadamente, el cronograma político-electoral, convocando, por ejemplo, a elecciones presidenciales y parlamentarias, en el más corto plazo.

La historia reciente de la democracia en América Latina y el Caribe registra varias  destituciones de “malos gobiernos”  por la presión política y social de la ciudadanía movilizada, sin esperar, los tiempos electorales.  Ejemplos, son los casos de Fernando de La Rúa (2001) en Argentina;  Sánchez de Lozada (2003) y Carlos Mesa (2005) en Bolivia; Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005) en Ecuador;  Alberto Fujimori (2000) en Perú.

La destitución de esos “malos gobiernos” abrió procesos de cambios políticos democráticos  que posibilitaron modificar aspectos centrales tanto del régimen político como de las formas sociales y económicas y culturales vigentes. No todos los cambios, por cierto, apuntaron a cuestionar el capitalismo neoliberal. En el caso de Perú, la salida de A. Fujimori, no implicó un cambio del rumbo económico que el mismo presidente destituido había implementado durante su gestión. Sin embargo, en Bolivia y Ecuador, se iniciaron procesos de cambios políticos. Aunque, en ninguno de los dos países se ha verificado una revolución social. Pero si, una revolución política democrática de vastas dimensiones estructurales.

En ambas sociedades se cambió la Constitución Política del estado, modificando estructuralmente la relación institucional entre el Estado, la Sociedad civil y el Mercado (economía). Por esa razón, los analistas consideran que dichas sociedades han entrado en una fase pos-neoliberal de desarrollo, pero no anticapitalista. Lo fundamental, que esos cambios constitucionales des-mercantilizaron y desprivatizaron los derechos ciudadanos. Hubo una total re-significación social y política de ellos. Sumándose a ellos, de manera muy revolucionaria, por las implicaciones que ello tiene para la relación entre Estado, Sociedad Civil y Mercado, los derechos de la naturaleza.

Todo ello fue posible, por la destitución del mal gobierno. Como dice el dicho popular no se puede “hacer tortillas sin quebrar  huevos”. La ciudadanía nacional descontenta con el actual gobierno. La ciudadanía opositora no solo al gobierno, sino también al capitalismo neoliberal y las y los ciudadanos anticapitalistas, no pueden seguir esperando que institucionalmente el mal gobierno impulse el cambio político institucional o constitucional ni tampoco esperar 34 meses para cambiar a las actuales autoridades, todas ellas deslegitimadas por su activa complicidad con los diversos casos de corrupción política. La ciudadanía debe movilizarse para destituir al mal gobierno, o sea, quebrar la institucionalidad, para construir la nueva institucionalidad política o,  la nueva sociedad. 

Una de las dos alternativas, deberá ser la elegida por  la ciudadanía. Pero, también elegir esperar. Lo cual constituiría una mala elección. Y, lo más seguro que las muertes de Exequiel y Diego como la lucha que hoy libra con ella, Rodrigo, serán en vano. Tampoco sería justo  con los miles y miles de jóvenes estudiantes secundarios y universitarios que se han movilizado por hacer realidad no solo sus derechos sino tal vez algo más importante sus sueños y anhelos de construir  en sociedad libre, justa,  igualitaria y solidaria. Anhelo, que hace más 35 años postergado.   

Juan Carlos Gómez Leyton es Ph.d en Ciencia Política y  académico universitario FACSO-UCENTRAL

Santiago de Chile.

 

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