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Perú: no hay vueltas que darle

Por Fander Falconí   

Alberto Fujimori todavía proyecta una sombra macabra sobre Perú. Asesinatos en vecindades populares, amenazas a golpes a comunicadores curiosos y la administración más corrupta, en especial tras la ruptura del orden constitucional. Tanta corrupción que cuando huyó al Japón, el pueblo se enteró que hace rato Fujimori estaba enviando dinero en valija diplomática a su cuñado, embajador peruano en Tokio.

Pese a eso, su hija Keiko (que en la práctica fue la primera dama de Alberto Fujimori, tras el divorcio de sus padres) ganó la primera vuelta en las elecciones presidenciales de Perú. Ella nunca ha roto con su padre y su partido es el mismo. Peor aún, aunque ella lo negó, es casi seguro que el plan es indultar a su padre. Además, el fujimorismo ganó casi medio congreso y el hermano de Keiko, Kenji, fue el diputado más votado en esas elecciones.

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Por Fander Falconí   

Alberto Fujimori todavía proyecta una sombra macabra sobre Perú. Asesinatos en vecindades populares, amenazas a golpes a comunicadores curiosos y la administración más corrupta, en especial tras la ruptura del orden constitucional. Tanta corrupción que cuando huyó al Japón, el pueblo se enteró que hace rato Fujimori estaba enviando dinero en valija diplomática a su cuñado, embajador peruano en Tokio.

Pese a eso, su hija Keiko (que en la práctica fue la primera dama de Alberto Fujimori, tras el divorcio de sus padres) ganó la primera vuelta en las elecciones presidenciales de Perú. Ella nunca ha roto con su padre y su partido es el mismo. Peor aún, aunque ella lo negó, es casi seguro que el plan es indultar a su padre. Además, el fujimorismo ganó casi medio congreso y el hermano de Keiko, Kenji, fue el diputado más votado en esas elecciones.

En parte puede ser mala memoria, pero eso no explicaría su gran base juvenil. Quizás esos jóvenes oyeron a sus padres idealizar a Fujimori padre, como el héroe que erradicó la guerrilla. Otros creen que él inició la recuperación económica de Perú, a costa de la gran extracción minera. Y no faltan quienes sucumben al complejo de ver a los japoneses como seres milagrosos, predestinados a salvar a Perú.

El rechazo de más de la mitad de los peruanos a ese despotismo explica cómo Pedro Pablo Kuczynski pasó del 21 al 51% de votos entre la primera  y la segunda vuelta, en dos meses. Y la carismática Keiko Fujimori pasó solo del 40 al 49%. Pocas veces los decimales fueron tan importantes: en realidad con el 49,85% de los votos, según los resultados oficiales, ya con el 95,46% de las actas contabilizadas.   

Pero conviene ver otros factores que se unieron para evitar un resultado contundente para Keiko. La izquierda, con el dolor del alma, tuvo que apoyar a un candidato de derecha, para que gane el mal menor. Porque si hay algo peor que el neoliberalismo, es el fascismo, como se comprobó durante la II Guerra Mundial. Fue la candidata de izquierda Verónika Mendoza (tercera en la primera vuelta), quien pidió públicamente votar por Kuczynski. Y hace pocos días, el 31 de mayo de 2016, 100.000 peruanos tomaron las calles de Lima para mostrar su rechazo a Fujimori y alertar a los indecisos.

Fuerza Popular, el partido de Keiko, también lidió con una piedra en el zapato. Uno de sus máximos líderes, Joaquín Ramírez, apareció como dirigente de un grupo de lavado de dinero, investigado por la DEA. La posibilidad de tener un régimen narco asustó a muchos peruanos. Y Keiko demoró en distanciarse del acusado. Otro acontecimiento que jugó contra la Fujimori fue su debate contra Kuczynski, profesor de economía y con mucha imaginación a la hora de generar frases en las redes sociales.

Optar por el mal menor no es ganar. Así que les esperan años duros a los peruanos. Pero al menos se evitará un posible derramamiento de sangre que ya vivió Perú con el fujimorismo. Consuelo amargo, porque refleja la realidad peruana. Pregunten a los migrantes de Perú en nuestro país, Ecuador, y se verá de una vez por todas la gran mentira de la derecha. Ecuador no está en crisis para los pobres, Perú y Colombia sí. Por eso hay tantos colombianos y peruanos pobres en nuestro país.

El Telégrafo, Ecuador.

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